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sábado, 6 de febrero de 2016

Ariel. Viniendo al Mundo.



El nacimiento de un nuevo ser, cuando uno ya ha sido padre los últimos seis años, representa una excelente oportunidad para encarar viejos miedos, bloqueos, antiguas creencias que por un rato se escondieron de la conciencia pero que el proceso del embarazo, el parto y la nueva crianza hacen aflorar de nuevo. Una oportunidad de oro para mirar de frente esos miedos y elegir el Amor, con serena consciencia decir un gran Sí a esto que está ocurriendo y sanar las viejas heridas, las abolladuras del alma y los malos ratillos, enamorarte de nuevo, de tu pareja, de tu hijo de seis años, de esta nueva niña que nos nace. Me enamoro de nuevo de mi Ser, y de la vida radiante que me corre por las venas. Doy gracias a Dios por el inmenso privilegio de servir a estos seres que viven en la misma casa que habito, estos seres cotidianos, de tan cercanos, a veces, dolorosos, y doy gracias a la Vida Única por valerse de nosotros, como familia, para abrirse camino y seguir su curso. 

Una se pone de parto mucho antes del parto. Ya hace por lo menos dos semanas de ligeras contracciones, insomnio y molestias varias, un aire de oxitocina y otras hormonas corriendo por las arterias, muchas emociones, a veces mezcladas, revueltas. Hubo un terremoto y una gran tormenta que sucedieron  en estos preludios y estas ansias de verla nacer. Y el 31 de enero, Ariel viene al mundo de madrugada, a la luz de las velas, con una suave e hipnótica música de  fondo, rodeada de un gran amor. Pienso que si todas las niñas y niños del mundo viniesen al mundo de esta forma, tan respetuosa y sencilla, en una generación nos salvábamos y los mansos herederían la Tierra. 

Rama besucón y Ariel dentro de mamá.

Rama dormía cuando su mamá empezó a gritar y a gemir de un modo más intenso, en verdad, estremecedor, y es mucha intensidad para un niño pequeño que decidió quedarse a recibir a su hermana, aunque pudo haber elegido ir con los amigos vecinos a pasar la noche. Había observado las contracciones más o menos intensas que su madre tuvo durante todo el día como preparación al parto, y se mostraba excitado y feliz. Gritaba, ¡el parto es nuestro, el parto es nuestro!, el grito familiar para infundirnos valor ( a parte del nombre de una asociación que cuida de los derechos de las mamás). Al ver que encendíamos velas y poníamos música como hacemos cuando festejamos en casa, su alegría se acrecentaba y cuando llegó la hora de dormir le pregunté si quería quedarse en casa o ir con los vecinos, le expliqué que mamá gritaría de dolor y quizá lo despertarse. El decidió quedarse y con un cuento se quedó dormido plácidamente.

Altar de la Vida-Muerte-Vida


Las cosas van rápidas en un segundo parto (puedes ver lo que dura un primer parto en casa AQUÍ). A la una de la mañana las matronas, Tanti y Caro, del Parto en Casa Málaga, hicieron su aparición. Fueron dos horas de idas y venidas del cuarto de baño al salón, a la cama, al suelo, a gatas, gimiendo, resoplando. El papá masajea el cuerpo dolorido, vasos de agua, mantas, estufas, ahora calor, ahora frío, toallas calientes, infusiones humeantes.  La música. El mantra de la respiración. Las matronas obsevan, toman notas, escuchan el corazón de la beba, animan a la mamá, la masajean, agua, infusión, manta; lo mismo, también dando amor. Llega un momento en que la cosa se pone intensa, muy intensa, y la mamá grita, aúlla, implora a las potencias superiores. El niño Rama, que dormía en la habitación, se despierta, está asustado, por mucho que se le haya explicado, contado cuentos preparatorios y dado la libertad de elegir, aquello impresiona al más pintado. Ahora estoy con él, un poco dividido al principio. Quiero ver nacer a Ariel y quiero cuidar de Rama. Carolina tiene a dos matronas muy experimentadas que la asisten, y este niño está asustado. Se calma, respiramos juntos, nos miramos a los ojos. Siento tanto amor por él. Mamá está bien, hijo, así es como venimos al mundo. Gritó igual o más fuerte cuando tu naciste. Créeme, todo está bien. Rama, se tranquiliza, dice sí con la cabeza y respira tranquilo. De repente, se escucha el llanto de Ariel, así, de un momento para otro, y ya está en el mundo. Rama y yo nos miramos, los ojos muy abiertos, una gran sorpresa. En sus ojos como platos vi nacer a Ariel, y él la vio nacer en los míos, llenos de lágrimas. Ambos sonreímos y nos abrazamos.  Que forma tan hermosa de estar en familia, sentí una perfecta unión y una dicha infinita. Ahora vamos a verle la cara a la hermanita y a la mamá. Y ahí están, mamá desnuda con Ariel en sus brazos, unidas piel con piel y carne con carne, pues aún no hemos cortado el cordón y la placenta sigue dentro. Los olores del parto, mezcla de sangre y sexo, las luces danzantes de las velas, la madre y la hija, desnudas, exhaustas y enamoradas. Es todo tan real e intenso que parece irreal, como un sueño.

 Todos nacemos en esta inocencia. Seres pequeños e indefensos. Puedo imaginar a todos los presentes en esta habitación naciendo. Las matronas naciendo, chiquitas. A Carolina, esta gran paridora de seres de luz, puedo verla ahora, naciendo. A esto otro que está aquí, nuestro hijo Rama, realmente lo ví salir, en primera fila, de las entrañas de su madre, y no me costaría imaginar a los más de siete mil millones de seres humanos que poblamos la Tierra, naciendo, igual de inocentes, pequeños e indefensos que esta Ariel que ahora nace. Salimos así, de un medio acuoso a uno más sutil, el medio aéreo. La tierra firme bajo nuestros pies y un cielo lleno de estrellas, de galaxias, de vivos universos encendidos. En este inmenso cosmos que nos acoge, ¿qué importancia tiene una vida más, otra flor que se abre y hasta cuándo? Sin embargo toda vida es valiosa. La vida es igual de valiosa en la encina que en la calandria, en este ricón de nuestra casa, frente altar de nuestros ancestros, que mil galaxias más allá de cinturón de Orión. Es precioso ver la vida brotando, del vientre materno, en esas plantas que nacen en el asfalto o en la flor temblona de los cerezos. El espíritu se hace carne en esta hora dichosa, las tres y cuatro minutos de la madrugada. Bienvenida Ariel, te amamos, estamos agradecidos de poder ser tu papá y tu mamá, cuánto nos vas a enseñar sin proponértelo. Gracias, Ariel, tu presencia nos honra, nos ponemos a tu servicio, que el amor y la felicidad te acompañen todos los días de tu vida y descanses en la paz de ser eterna.

Ariel


El parto en casa es sin duda un acto salvaje, es decir, un acto libre y natural. Si bien el miedo está presente en los procesos de llegar al mundo y de irnos de él, creemos que todos los seres deberíamos nacer y morir rodeados de las personas que nos aman en un entorno igualmente amable, acogedor, bondadoso rodeados de amor y confianza plena en la vida, la vida para los que llegan y la vida para los que parten en el amanecer de la muerte. El Amor y la Conscienica deberían estar presente en todos los procesos humanos, especialmente en los tránsitos de los ciclos Vida-Muerte-Vida.  Siendo cada día un día que nace, permitámonos nacer de nuevo cada día, plenos de amor, lúcidos y claros de nuestra naturaleza espiritual y eterna.



Om Gratitud

Si quieres leer el relato del nacimiento de nuestro hijo Rama puedes hacerlo aquí:

RAMA. VINIENDO AL MUNDO. 

Si quieres saber sobre nosotros y nuestro trabajo puedes visitar nuestros blogs:

Carolina Pino: 
El Camino en la Tierra

Rafael Medina:
 Rama-Raíz

Que seas feliz.
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